Una vez definido el uso del avalúo y su propósito, el siguiente paso es identificar qué tipo de valor debe estimarse. Esta precisión es fundamental porque no todos los valores significan lo mismo ni sirven para la misma decisión.
En valuación, no basta con decir que una empresa, acción, inmueble, maquinaria, marca o activo intangible «vale» determinada cantidad. También debe explicarse qué tipo de valor se está concluyendo: valor comercial, valor de mercado, valor razonable, valor en uso, valor neto de reposición, valor de realización ordenada, valor de liquidación, valor contable o valor en libros, según corresponda.
Elegir correctamente el tipo de valor corresponde al perito valuador y no es un detalle técnico menor. Es lo que permite que el avalúo responda al contexto real de la operación, controversia, negociación, reporte financiero o decisión patrimonial que se busca sustentar.
Uno de los errores más comunes al solicitar un avalúo es pensar que existe un único valor aplicable para cualquier situación. En realidad, el valor depende del contexto, del uso del dictamen, del activo valuado, de la fecha de valor, de la información disponible y del propósito de la valuación.
Una empresa puede tener un valor distinto si se analiza como negocio en marcha, si se revisa únicamente por sus activos, si se considera en un escenario de venta ordenada o si se evalúa en un contexto de liquidación. Lo mismo puede ocurrir con un inmueble, una maquinaria, una marca, una patente, un software o una participación accionaria.
Por eso, en una valuación de negocios, valuación de acciones, valuación de negocios en marcha o valuación de activos intangibles, no basta con llegar a una cifra. Hay que entender qué representa esa cifra y bajo qué tipo de valor fue estimada.
El valor comercial y el valor de mercado suelen ser los conceptos más familiares para quien solicita un avalúo. En términos generales, se relacionan con el precio probable que podría obtenerse por un activo en condiciones ordinarias de mercado, entre partes informadas, dispuestas y sin presiones indebidas.
Este tipo de valor suele ser relevante en compraventas, negociaciones entre particulares, valuación de inmuebles, valuación de maquinaria y equipo, valuación de acciones o valuación de negocios. También puede servir como referencia para operaciones patrimoniales o corporativas donde se busca conocer cuánto podría representar económicamente un activo frente a terceros.
En la práctica mexicana, muchas veces se utiliza la expresión «valor comercial» de forma cotidiana, mientras que «valor de mercado» suele tener una connotación más técnica. En cualquier caso, lo importante es que el avalúo explique las condiciones bajo las cuales se estima ese valor y el mercado relevante que se está considerando.
El valor razonable suele aparecer en contextos financieros, contables, corporativos y de auditoría. Su objetivo es estimar una medida razonable del valor de un activo, pasivo, instrumento financiero, participación o unidad de negocio conforme al marco aplicable.
Puede ser relevante en estados financieros, combinaciones de negocios, análisis de deterioro, reconocimiento de activos, reportes corporativos, valuación de activos intangibles o procesos de auditoría. Sin embargo, debe tenerse cuidado: valor razonable no siempre significa precio de venta, valor fiscal o valor de liquidación.
Por ejemplo, una marca puede tener un valor razonable para efectos de información financiera, pero ese valor no necesariamente será idéntico al precio que un comprador específico estaría dispuesto a pagar por ella en una negociación privada. El contexto contable y el contexto transaccional pueden requerir análisis distintos.
El valor en uso se relaciona con los beneficios económicos que un activo genera para un usuario específico dentro de una operación determinada. Es decir, no se analiza únicamente cuánto podría obtenerse por vender el activo, sino qué valor representa por seguir utilizándolo.
Este tipo de valor puede ser especialmente relevante en maquinaria especializada, inmuebles adaptados a una operación, software interno, marcas explotadas por una empresa, metodologías propias, contratos estratégicos o activos intangibles que contribuyen directamente a la generación de ingresos.
Aquí aparece una diferencia muy importante: un activo puede valer más dentro de una operación que fuera de ella. Una máquina altamente especializada podría tener un mercado de reventa limitado, pero ser indispensable para la producción de una empresa. Una marca puede no tener compradores inmediatos, pero generar preferencia, recurrencia y márgenes superiores dentro del negocio que la explota.
En una valuación de negocios en marcha, esta lógica es esencial. No se valúa únicamente lo que la empresa tiene, sino lo que la empresa puede generar a partir de sus activos, estructura, operación y posición competitiva.
El valor neto de reposición es particularmente importante en la valuación de activos fijos, maquinaria y equipo, construcciones, instalaciones especiales y determinados bienes tangibles.
Este valor parte de una pregunta distinta: ¿cuánto costaría reponer un activo por otro de características equivalentes, considerando su edad, estado físico, vida útil, depreciación, obsolescencia funcional y obsolescencia económica?
No siempre se trata de estimar cuánto pagaría un comprador en el mercado. En algunos casos, interesa conocer cuánto representa la capacidad de servicio del activo y cuál sería el costo razonable de reponerla, ajustado por sus condiciones reales.
Por eso, el valor neto de reposición puede ser útil para seguros, información financiera, análisis patrimonial, activos especializados o bienes que no tienen un mercado activo suficientemente comparable.
El valor de realización ordenada considera un escenario en el que existe intención de venta, pero con un plazo razonable de exposición al mercado y sin la presión extrema de una liquidación inmediata.
Este tipo de valor puede ser relevante cuando una empresa decide vender maquinaria, equipo, inventarios, inmuebles o activos no estratégicos dentro de un proceso planeado. Aquí el tiempo importa mucho: no es lo mismo vender bien que vender rápido.
En una realización ordenada, se asume que existe oportunidad de buscar compradores, negociar condiciones y procurar una venta razonable. Por eso, normalmente este valor puede ser distinto al valor de mercado ordinario y también distinto al valor de liquidación forzada.
Los valores de liquidación se utilizan cuando el activo se analiza dentro de un escenario de venta por cierre, insolvencia, ejecución, desinversión acelerada o necesidad de convertir activos en efectivo.
La liquidación ordenada supone un proceso de venta con cierto margen de planeación, exposición y negociación. En cambio, la liquidación forzada implica presión, urgencia o condiciones desfavorables, por lo que el valor puede disminuir de manera importante.
Mientras menor sea el tiempo disponible y mayor la presión de venta, más probable es que el valor obtenido sea inferior. Por eso, utilizar un valor de liquidación para una empresa que sigue operando como negocio en marcha podría castigar indebidamente su valor. Del mismo modo, utilizar un valor de mercado ordinario para un escenario de venta urgente podría generar una expectativa poco realista.
El valor contable o valor en libros es el valor registrado en la contabilidad de una empresa. Puede derivar del costo histórico, depreciaciones, amortizaciones, deterioros o ajustes contables.
Este valor puede ser útil para ciertos análisis financieros, pero no necesariamente representa el valor económico actual de un activo o negocio. Una maquinaria puede estar totalmente depreciada y seguir funcionando. Un inmueble puede estar registrado a costo histórico y tener un valor de mercado mucho mayor. Una marca puede no aparecer en libros y, aun así, ser uno de los activos más valiosos de la empresa.
Por eso, en valuación de negocios y valuación de activos intangibles, el valor en libros debe analizarse con cuidado. Que algo esté registrado contablemente por cierta cantidad no significa que eso sea lo que vale económicamente.
El error en una valuación no siempre está en el cálculo. A veces está en haber elegido el tipo de valor equivocado.
Usar valor en libros para negociar una empresa en marcha puede subestimar su capacidad real de generación de beneficios.
Usar valor de reposición para una venta urgente puede sobreestimar lo que podría obtenerse en el mercado.
Usar valor de liquidación para una empresa operativa puede castigar su valor.
Usar valor de mercado para un activo altamente especializado puede ignorar su valor en uso.
Por eso, antes de aplicar una metodología, es indispensable definir qué tipo de valor corresponde al uso del avalúo y al propósito del dictamen.
No todos los valores significan lo mismo. Cada tipo de valor responde a una pregunta distinta y sirve para un contexto específico.
Un avalúo bien estructurado no solo determina una cifra. También explica qué tipo de valor se estimó, por qué ese valor corresponde al uso del dictamen y qué metodología permite sostener la conclusión.
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